miércoles, 14 de agosto de 2013

Murialdino 91 - EDITORIAL


EDITORIAL

P. FRANCO MAGRINI
1931 -2013
         La noche del pasado miércoles 24 de julio en la ciudad de Mendoza, falleció P. Franco a la edad de 81 años. Si bien su enfermedad lo había ido desgastando al punto de reducir sus movilidad y hacerlo dependiente de los cuidados de otras personas, confiábamos tenerlo algún tiempo más con nosotros. El parkinson y su desapego al descanso, bien merecido por lo demás, así como su incansable ritmo de vida,  al final le  pasaron la cuenta. Hablar de P. Franco, resulta evocar los más hermosos momentos de mi infancia. Junto a el aprendí a leer y escribir. Nos aconsejó diariamente  cada mañana en el saludo y la oración con la que siempre relacionaba un hecho de la vida con ejemplos imborrables. Su presencia en todo momento, tanto en la sala, en los recreos o en el casino a la hora de comer, nos hacía preguntarnos a qué hora se dedicaba a él mismo. Después del almuerzo estaba en un largo recreo con los que nos quedábamos medio pupilos y luego hasta las cinco de la tarde haciendo las tareas. Ahí nos despedía como siempre acompañándonos hasta Loreto, pues esa esquina, en esos tiempos sin semáforo era y sigue siendo peligrosa. Allí de hecho, le vi cargar en 1971 el cuerpo destrozado de uno de sus alumnos de tercero básico atropellado por un camión.

       P. Franco fue un josefino a carta cabal. Supo hacer suyo eso de ser un cura de patio, como quería Murialdo. Estuvo con nosotros siempre. Para sus alumnos pasaba largas jornadas preparando las famosas Revistas de Gimnasia o imprimiendo en el mimeógrafo manual las ediciones de la revista Nadino, la que añorábamos recibir cada mes. A fin de año todos junto a él partíamos en romería al cerro a culminar el Mes de María, el que cada día rezábamos frente a un altar monumental donde cada curso competía por tenerlo más llenos de flores. En los días de lluvia, sabíamos que era seguro que nos deleitaría con una filmina sobre alguna historia bíblica o de algún santo. Esas láminas sin sonido tenían su voz como el mejor efecto sonoro y ciertamente muchas de esas hermosas enseñanzas quedaron marcadas gracias a ese rudimentario medio audiovisual.

       Con los años evoco esos momentos y la figura, de quien me impartió cuatro sacramentos. Me preparó a la Primera Comunión estando en segundo básico; me confesé con el la primera vez y luego otras tantas veces; de él recibí la Confirmación, pues siendo Padre Provincial en 1977, vino desde Mendoza y delegado por el Obispo nos impartió el crisma, luego bendijo mi matrimonio, acompañándome en los momentos más tristes y también más hermosos de mi vida. Hoy cuando ya ha partido al encuentro con el Padre bueno y misericordioso, que nos enseñó a invocar, estoy seguro que así como a mí, su recuerdo nos llena de emoción, trayendo a la memoria innumerables momentos vividos con este josefino de recio carácter, deportista, trabajador, pero sobre todo tan murialdino. Sólo nos resta dar gracias a Dios por su paso por nuestras vidas y mantener su recuerdo, tratando de hacer que otros niños sean en estos espacios tan felices como lo fuimos quienes tuvimos la dicha de ser sus alumnos, tratando de emular su ejemplo de educador convencido, competente y coherente.   
                                                                                                                                                                                        DON MARCO

viernes, 5 de julio de 2013

EDITORIAL MURIALDINO N°90

 

 
POBRES MANOSEADOS
 
         Primarias, Papa y protestas son tres palabras que comienzan con “P”, pero no es esa la única coincidencia. En esos tres conceptos últimamente hay un hilo común, el que es dado por la palabra pobres. En estos días, las protestas arrecian en el mundo entero y con cada vez mayor fuerza convocan a verdaderas multitudes que tienen de cabeza a los gobiernos y a sus aparatos policiales. La causa de sus demandas es pedir a gritos que los pobres dejen de ser postergados y que se frene la corrupción, que hace que algunos se llenen los bolsillos con recursos que debieran haber sido destinados a otros fines. Así también, el actual Pontífice inauguró un período dentro de la Iglesia en que desde el primer día puso su foco en los más necesitados, haciendo énfasis, empezando por él mismo, en tener un estilo más austero. De igual forma, en nuestro país hemos escuchado como todos los que aspiran en noviembre a ser presidente de la República, dedican en sus discursos largos espacios para hablar de las promesas que esperan cumplir cuando sean electos, la mayoría de las cuales dice relación con dar a los más pobres lo mínimo necesario para hacer de esta una sociedad más justa e inclusiva.
 
       El tema de la pobreza es tan antiguo como la vida misma. Ya Jesús, y antes de él los profetas clamaban por dar mayor prioridad a los más necesitados. Uno y otros predicaron con su ejemplo de vida que los pobres merecen una urgente atención. En días pasados un sacerdote chileno residente en África hacía una crítica que dolió a más de alguno al señalar que se necesita una iglesia menos instalada y más cercana a los más necesitados, a quienes ésta debe poner en el centro. Seguramente esos mismos que se incomodaron también lo hicieron cuando el Papa pidió “una iglesia pobre y para los pobres”, y a renglón seguido denunciaba la cultura del desecho, pues “botar comida es como robar alimentos a los pobres”. En esto tampoco se equivoca, pues según la FAO, cada año en el mundo se pierden 1.300 millones de toneladas de comida.
 
       Aún nos impacta a los chilenos el llamado angustiado de Juan Pablo II en su histórica visita de hace ya 25 años. Los pobres no pueden esperar, nos decía, pero al ver cuanto tiempo ha pasado, notamos que si bien estadísticamente hemos disminuido la cantidad, aún permanece como un problema insoluble. Hace años leía en un ejemplar de la Biblia Latinoamericana el pie de página de una impactante foto, la que junto a otras fue retirada en las siguientes ediciones (!), allí decía: “No se trata tanto de dar a los pobres, como de hacernos pobres con ellos”. Pareciera que ese es el camino, al menos es lo que estamos viendo con el actuar de nuestro Papa y es lo que esperamos también de todos los que nos decimos católicos, que no hablemos tanto de los pobres y de las muchas formas de pobreza, sino que nos hagamos pobres con ellos, siendo más austeros en nuestra vida, siendo más generosos y justos con los que más necesitan, usando los bienes materiales como medio y no como fin, pues en sus palabras: “el dinero debe servir y no gobernar”.-
 
DON MARCO

lunes, 10 de junio de 2013

Murialdino N° 89

EDITORIAL

 
“HUÉRFANOS DE PADRES VIVOS”
 
 
         Por años he mantenido en el recuerdo esta terrible frase pronunciada por el Papa Juan Pablo II al referirse a aquellos niños y jóvenes que, teniendo a sus padres biológicos vivos, los tienen tan lejanos, que son en verdad verdaderos huérfanos. Pensar en orfandad, es pensar en abandono, en casas de menores u orfanatorios, pero la realidad que vivimos en la sociedad actual, nos muestra que no necesitamos visitar esos lugares para encontrarnos con ellos. Es lo que me ocurre a diario, también al interior de nuestro colegio. Por tantos años he visto con dolor, como esos mismos que en un minuto dijeron haber engendrado un hijo por amor, al momento de separarse de su cónyuge, les niegan a ella y a sus hijos todo sustento, debiendo muchas veces recurrir a Tribunales de Familia para conseguir una verdadera limosna, pues hay los que mienten respecto a sus recursos, indicándole a los jueces que ganan tan poco, que sólo lo que la Ley indica es lo que mezquínamente pueden aportar.
 
       Por ello, les insisto tanto a mis alumnas que se formen como profesionales, para que, el día de mañana, no les encontremos solicitando verdaderas limosnas en tribunales, sino que con su trabajo sean autosuficientes y dignas madres. Ya han pasado algunos años desde que, participando de un Consejo de Profesores en la Enseñanza Media, fui anotando las causales por las que los profesores hablaban de aquellos casos más delicados. Llamaba la atención, y hoy no debe haber cambiado mucho esa situación, como de los 500 alumnos que están en Enseñanza Media, eran escasos los que se presentaban con problemas de rendimiento, mucho menos aquellos con dificultades de convivencia o de conducta, lo cual habla muy bien de nuestro ambiente escolar, pero el mayor número de los que allí eran presentados a análisis, eran aquellos alumnos con problemas emocionales, y al seguir la pista, en la gran mayoría se trataba de alumnos cuyas familias estaban rotas o viviendo crisis, donde ellos eran simplemente víctimas o testigos de desencuentros que terminaron con la ilusión, tantas veces buscada, de formar una hermosa y unida familia.
 
       La crisis de nuestros ambientes, tiene, en gran medida, su origen en la crisis de paternidad que hoy vivimos. Sociedades huérfanas de ideales deambulan buscando falsos padres que la droga, las figuras efímeras del espectáculo o  del populismo político, jamás les podrán presentar. Se requiere para esos huérfanos de padres vivos, una sociedad que les muestre verdaderos modelos de paternidad, aquella que juntamente con un amor sin medida e incondicional, sea capaz de proponer ideales y de educar en los límites. Dios permita que en vez de ir en aumento, cada vez encontremos menos, fuera y dentro del Liceo, a estos huérfanos de padres vivos. Sería una mejor y menos comercial forma de festejar el Día del Padre.       
 
                                                                DON MARCO

lunes, 13 de mayo de 2013

Despedida a Don Tomás Bruna

 
    El pasado martes 30 de abril observé cómo, con tu sereno andar, recorriste por última vez como docente de este Liceo el patio camino a la entrada. Nadie hasta hoy y difícilmente alguno de los que actualmente ejercemos la noble misión de enseñar, logrará el record por ti conseguido al estar 50 exactos años ejerciendo como profesor. ¡Y qué profesor! Un profesor que, sin alzar la voz supo imponerse por presencia, logrando el cariño de sus alumnos, incluso de aquellos que en un principio no lograron entender tu humor tan característico, donde más de alguna ironía les incomodó.
 
     Has SUMADO tantos años, tantas experiencias. Hay pocos que logran superar tus más de 2500 horas de perfeccionamiento. Sumaste a tantas generaciones entre tus alumnos, incluso a mí que hace exactos 40 años tuviste en tu jefatura, la misma que comenzamos festejando el Día del Profesor en aquel trágico 11 de septiembre del ‘73. A todos ellos les enseñaste las difíciles matemáticas con un ordenado método.
     Pero por otra parte, de tanto darte, te RESTASTE a tu familia en largas y agotadoras jornadas de trabajo no sólo en nuestro colegio, sino que también por muchos años en jornada vespertina con niños de Lo Prado, a quienes nos hiciste muchas veces apadrinar.
 
     MULTIPLICASTE las horas para ir de un colegio al otro, sin dejar jamás de ser el primero en llegar y en cumplir con todo lo solicitado y aún más, estando siempre presto a ayudar a otros colegas y a acoger a los más jóvenes siendo también para ellos un verdadero maestro. Recuerdo cómo te pedían ayuda algunos, y especialmente algunas, que solían equivocarse una y otra vez al confeccionar manualmente las Actas finales, hasta que el solidario Tomás, en un dos por tres les hacía el acta sin errores y con una caligrafía envidiable, prueba de que el orden es tan necesario para conseguir buenos resultados.
 
     La DIVISIÓN es una operación que en las relaciones humanas suele pasar la cuenta, pero no a ti. Tu trato caballeroso, chistoso pero nunca grave ni vulgar, jamás dejó a un colega herido. Muy por el contrario, generabas unión, siendo modelo de docente para las nuevas generaciones.
 
    Raya para la suma: has sido grande siendo de porte pequeño; has sido maestro, aunque sólo buscaste ser un buen profesor; has sido padre de tantos, aunque solo tuviste una hija; has sido testigo privilegiado de gran parte de la historia de nuestro Liceo; has sido un hombre de fe, pero sin aspavientos; has sido ejemplar y es por eso que al partir nos harás tanta falta.
 

                       DON MARCO

lunes, 8 de abril de 2013

BUENOS AIRES PARA LA IGLESIA


EDITORIAL

 

         A pocos dejó de sorprender el nombramiento del Arzobispo de Buenos Aires como nuevo Pontífice de nuestra Iglesia. Los medios de comunicación trajeron en directo la impactante noticia y durante los siguientes días, han informado en detalle de todo lo concerniente al arribo del primer Papa latinoamericano como Obispo de Roma. Muchos han sido los gestos y palabras que hemos recibido y que, analizándolos en su conjunto, nos permiten augurar buenos aires para la Iglesia. El que sea el primer jesuita  no deja de ser interesante, sobre todo por las características que tiene esta Congregación y sus avanzados planteamientos en muchos temas; el que sea el primer Papa latinoamericano es también una gran novedad y fuente de esperanza para enfrentar, desde una nueva perspectiva, la misión de evangelizar al mundo. La elección de su nombre no deja también de sorprendernos, siendo Francisco de Asís un santo no perteneciente a los jesuitas y que, pese a tener una gran devoción entre los fieles, nunca un Papa haya elegido su nombre. Está demás decir, que así como para los judíos la elección del nombre implicaba una misión, con mayor razón lo es en el caso de un Papa, indicando que el estilo de Francisco de Asís estará más que presente en su actuar a cargo de la Iglesia, una Iglesia que como aquella del tiempo del Pobrecillo de Asís requería que alguien se pusiese manos a la obra para restaurarla. El de Asís en un primer momento creyó que se trataba de una restauración material, la que acometió con sus hermanos, pasando luego a liderar un movimiento de renovación de una Iglesia que urgentemente requería fijarse en lo esencial y dejar lo suntuario que, como lastre, hacía de la iglesia de su tiempo una muy distante de la gente más sencilla, que de boato y solemnidades, bien poco sabía. Hoy la tarea parece la misma. A este Francisco le toca gobernar la Iglesia en momentos que las fisuras de todo tipo hacen que el conjunto tambalee. Podríamos seguir enumerando datos significativos, como la conformación de su escudo pontificio; las salidas de protocolo que ha venido haciendo desde el inicio; el no usar todo el ropaje tradicional que siempre usaron los Papas; el ir a una cárcel juvenil a celebrar el jueves santo, besando los pies de 12 jóvenes, incluso alguno no creyente; o hasta el anecdótico hecho que siguiera usando los mismos zapatos con que llegó al cónclave.

     Todo lo anterior puede resultar meramente anecdótico y no pasar de ello. Con los grandes hombres que nos presenta la historia podemos quedarnos en la admiración, o por el contrario, en la imitación. Con Francisco corremos el riesgo de contemplar sus audaces pasos a cargo de esta díscola nave que es nuestra Iglesia, o ser capaces de pasar de la admiración a la imitación de su ejemplo. Aquí sí que hay una gran tarea. Imitar la centralidad de Cristo en su mensaje, donde él solo es el mediador. Imitar su opción por los pobres, la cual no se ha quedado en meras palabras. Imitar su gran humildad, a ejemplo de san José, a quien al inicio de su pontificado ha puesto como modelo a seguir y que quedó graficado en el momento más elocuente, pero a la vez aquel donde el silencio habló: cuando desde el balcón de san Pedro, inclinó su cabeza para que los fieles rezáramos por él.

 Estamos viviendo un hecho histórico: no sólo veámoslo, sino imitémoslo.

                                                                          DON MARCO

jueves, 4 de abril de 2013

VOLVIMOS AL ROJO


EDITORIAL


 
        Gran alegría provocó la decisión de pintar nuevamente de rojo colonial el edificio de la Enseñanza Media. Los nostálgicos se encontrarán felices, pues se añoraba volver al color que originalmente tuvo por muchos años ese hermoso edificio. Como siempre habrá algunos contentos y otros que no lo estarán tanto. Lo importante es no caer en el defecto de que todo lo pasado ha sido mejor -signo de decrepitud- o por el contrario, despreciar el pasado, pensando que lo que uno hace o vive es lo mejor, esto se llama mesianismo. Ambos defectos están en nuestra cultura, también en la murialdina y de vez en cuando se asoman. Por ejemplo, es habitual que muchos antiguos alumnos afirmen que su promoción fue la mejor, o usando la misma frase siempre “antes en el Murialdo la disciplina era mejor”, lo mismo dicen algunos de la presentación personal y de otros tópicos como el que todos los alumnos que egresaban quedaban en la universidad. Como soy murialdino de los que conocimos la televisión en blanco y negro, trato siempre de romper con esos mitos. Sobre la disciplina, hay episodios pasados que nos avergonzarían si hoy se reeditaran; lo mismo sobre la presentación personal, en especial en la década de los años 70; así también sucede con el hecho que toda la promoción entraba a la universidad, claro que eso era más fácil ya que el sistema era tan piramidal que llegaban a los últimos años sólo los que lograban aprobar, los demás iban “muriendo en el camino”; de hecho, recuerdo promociones de una docena de estudiantes, habiendo sido en sus inicios cursos tan numerosos como el mío de primero básico  en que éramos 68, egresando sólo 24.

       Volver al color original, nos tiene que servir para volver a las fuentes, no para mirar el pasado con nostalgia de viejo sino para rescatar de ese pasado lo mejor, a fin de transmitirlo a las nuevas generaciones. Es lo que hace la Iglesia, conmovida por la decisión del Papa Benedicto, teniendo que volcarse a sus orígenes buscando al más idóneo entre los suyos para que asuma la tarea de conducir la Iglesia. Es lo que constantemente hacen nuestros josefinos, quienes al cumplir 140 años desde su fundación, vuelven una y otra vez la mirada a su pasado para reencantarse con las ideas y sueños originales de los fundadores y entregarse a los nuevos desafíos que el hoy les presenta. Es esto también lo que nosotros, a menor escala, debemos hacer como colegio: mirar el pasado, no para pensar que ello es lo único que importa, sino para que, rescatando lo mejor de nuestra historia, podamos seguir educando los corazones de los niños y jóvenes que hoy se nos han confiado.

       En este Año de la Fe, volvamos a mirar nuestros orígenes actualizando el mensaje, para que ese don recibido antes de ser transmitido sea vivido, que es, al fin de cuentas, lo más importante para ser creíbles ante nuestros alumnos.                                                                                                                                     DON MARCO

jueves, 3 de enero de 2013


EDITORIAL


ADIÓS AL VIEJO PASCUERO, QUE VIVA JESÚS

         Las fiestas de fin de año son ocasión propicia para reflexionar sobre los valores imperantes y las tergiversaciones que, especialmente el mundo comercial, nos impone, sin que nos demos demasiado cuenta. Así ocurre con la Navidad. En ella hay dos modelos que pugnan por marcarnos claramente nuestro actuar. Por un lado, la creación del viejo pascuero, excesivamente ligada a una marca comercial y todo lo que ello conlleva. Es el que nos invita a gastar en  forma indiscriminada, a pensar que el mundo se va a acabar sino tenemos muchos regalos que entregar. En muchos países, ejemplo que debiéramos seguir, los regalos se postergan para la fiesta de reyes, el 6 de enero, despejando de este modo a la Navidad de todo ese halo comercial que es tan dañino y que desperfila el real sentido. Ese viejo de pascua que desde las vitrinas nos invita al gasto, se contrapone con el Niño de Belén que desde el pesebre nos sigue invitando a la austeridad, a una vida más preocupada de las cosas invisibles a los ojos, que de aquellas tangibles y caras, que a la larga no es que traigan la felicidad.

   En el mundo se está viviendo una de las peores crisis, donde naciones enteras están en la bancarrota. En esos lugares han aumentado considerablemente los suicidios y la angustia amenaza a las familias con las consiguientes consecuencias de infelicidad. En nuestro país, parece no importarnos mucho lo que está ocurriendo en esos lugares. El serio manejo económico, de ésta y anteriores administraciones nos hace ver como espectadores lo que ocurre en el mundo. Pareciera que olvidamos que estos procesos son muchas veces inesperados y que se generan muchas veces por causas externas a los propios países. Por eso debiéramos estar preparados. El ejemplo de las hormigas no nos viene mal.

   Hablar hoy de austeridad en un país con una economía boyante, pero donde hay grandes sectores postergados, pareciera no ser lo más lógico.  Acá las cifras de cesantía y pobreza -las que siguen existiendo- son cada vez más bajas. Muy distinto es el caso de países europeos, donde el desempleo azota a millones, llegando al 50% de la población más joven de España, obligando a muchos a emigrar en pos de mejores horizontes.

       Desde estas páginas hacemos un llamado a hacerle más caso al Niño Jesús, que pobre como pocos nos sigue repitiendo desde el pesebre que las cosas materiales son importantes tanto y cuanto nos sirvan; que la palabra austeridad, ahorro, sencillez, son un real estilo de vida tan distante del consumismo desbocado que por estos días, a quien más a quien menos, a todos nos amenaza.
                                                                                                                                                                                            DON MARCO

EDITORIAL


LA FIESTA DEL PERDÓN

         Al observar cómo decenas de niños de quinto básico se acercaron por primera vez a confesarse, me preguntaba porqué es este uno de los sacramentos menos vistosos. Si los 7 sacramentos son fuente de gracia, llama la atención que, salvo para dos, no haya fotógrafos ni cámaras que filmen en ese día. En todos los demás,  los fotógrafos quieren, incluso olvidándose del respeto al templo, dejar un recuerdo del día del Bautismo, de la Primera Comunión, de la Confirmación, del Matrimonio y de la recepción del Orden sagrado. Álbumes de estas ceremonias tenemos en cada casa, a todas ellas llegan invitados y hay más de algún festejo…pero por razones obvias nadie retrata el momento en que uno de nuestros parientes recibe la Unción de los enfermos, si bien hace décadas existían fotógrafos que tomaban imágenes de los funerales e incluso retrataban por última vez a los finaditos. De la confesión nadie guarda una foto, ni menos se nos ocurriría invitar a festejar después de haber recibido la gracia del perdón.

       Viendo  a esos niños, más de alguno, bastante nervioso, se me ocurría pensar en porqué este sacramento es tan íntimo, quizás por el natural pudor de no ventilar nuestras miserias personales, y tan poco frcuentado, por más de alguna mala experiencia con algún confesor que más que hacernos sentir el amor misericordioso del Padre nos terminó humillando. Viéndolos en su traviesa inocencia me preguntaba de qué se irían a confesar, si uno los ve tan buenos en comparación con lo que uno como adulto considera pecado.

       Este poco valorado sacramento debiera ser para todos el incentivo para creer en el perdón de Dios y en hacernos a la vez más generosos para perdonarnos mutuamente. En una reciente encuesta se menciona que el 76% de los católicos nunca o casi nunca se confiesa, el 68% no cree o tiene dudas de que el sacerdote pueda perdonar los pecados en nombre de Dios, pero sí el 87% está de acuerdo en llamar al sacerdote cuando hay un enfermo grave para darlela Unción. Mientras más viejos, nos volvemos más reacios a otorgar el perdón. Cunden las excusas, diciendo por ejemplo, que sólo Dios perdona, especialmente aquellos que son draconianos con los demás y excesivamente complacientes con sus propias faltas. Son los que a los demás no les perdonan ni una, pero cuando ellos caen, quieren que les perdonen, pues no se consideran tan malos.

       Hablar hoy de este sacramento es hablar de valorar la capacidad de perdonar, es hablar de corazones magnánimos pues están ciertos que Jesús vino a buscar a los pecadores y no a los que se creen buenos, en fin es hablar de grandeza humana, la que es mayor cuanto más humilde es nuestro actuar.
                                                                                                                                                                                                            DON MARCO 

jueves, 4 de octubre de 2012


(Murialdino mes de Octubre)

EDITORIAL


VER PARA CREER

         Muy interesante resultó para quienes concurrimos el pasado sábado 29 de septiembrela Jornada de Espiritualidad de nuestra comunidad murialdina. Más de cien personas representando a todos los estamentos de nuestro colegio fuimos convocados con el tema del Año de la fe, que acaba de ser inaugurado por el Papa. Por la mañana el Vicario para la Educación P. Tomás Sherz, nos regaló un profundo momento de reflexión sobre esta temática y por la tarde, compartimos una novedosa presentación de la poco conocida carta de Santiago, la que tiene una fuerza inspiradora que cobra mucha actualidad en el tiempo que vivimos.  Señalo que tiene actualidad esta breve pero contundente carta, pues entre los temas que contiene está el de demostrar en obras concretas aquello en que se cree: “Así también la fe: si no tiene obras, está completamente muerta” (St. 2,17).

       Hoy como nunca, me he acordado de un antiguo texto, llamado Carta a Diogneto, en el que se describe cómo eran los primeros cristianos, en él se enfatiza que no por elementos externos ellos se diferenciaban de las demás personas, sino por su forma de vivir: “Los cristianos no se distinguen de los demás hombres ni por su tierra, ni por su lengua, ni por sus costumbres.” Tan distintos eran, que “más parece propio de locura que de verdadero culto religioso.”, pues (…)”se encuentran viviendo un estilo de vida admirable y, por confesión de todos, extraordinario.”, y remata diciendo que más que por los ritos  o por los ropajes “los cristianos son conocidos como hombres que viven en el mundo, pero su religión permanece invisible.”  Tan actuales y fuertes son estas palabras que creo que no admiten más comentarios. Cada vez se hace más frecuente el que se critique a nuestra Iglesia. Hay consenso, en especial entre los jóvenes, que el mayor defecto es nuestra incoherencia de vida, el predicar una cosa y el hacer otra, o el exigir a otros determinados comportamientos,  que ni siquiera el que los pide los vive.

       De visita en nuestro país, el anterior vocero del Vaticano señalaba que hoy hacen falta menos predicadores y más testigos. Muchas veces me ha tocado escuchar cómo se felicita a personas por lo bien que hablan o por lo bien que escriben. Una y otra forma de expresión sepueden aprender y mejorar con técnicas oratorias o estilísticas, según sea el caso. El mejor halago no es que hable o escriba bonito, sino que viva bonito, que viva lo que dice y escribe. En fin de cuentas que seamos más testigos, como esos primeros cristianos que eran reconocidos por su actuar, que meros predicadores, de los cuales ya hay muchos.

                                                                                        DON MARCO

martes, 2 de octubre de 2012

(Murialdino mes de Septiembre)

EDITORIAL


NO HAY MAL QUE POR BIEN NO VENGA

             Impacto nos causó hace unos días, la noticia del incendio que destruyó completamente la casa de uno de nuestros alumnos de séptimo básico. Visitar el lugar y ver lo poco que se puede salvar después de una desgracia así, en especial los elementos afectivos que se pierden irremediablemente, es algo que sobrecoge. Felizmente no hubo desgracias personales que lamentar y esto es lo más importante. Tras compartir con su mamá y familiares, nos emocionó ver la entereza para salir adelante de todos ellos y la inmediata respuesta solidaria expresada de diferentes maneras, por parte de todos los que se iban enterando de la noticia. Sus compañeros, los scouts, los apoderados de su curso y muchos otros que aunque no los conocían sintieron el inmediato llamado a hacer vida uno de nuestros valores distintivos: la solidaridad. Escuchando a la mamá, nos decía lo importante que ha sido nuestro Liceo en la formación de Matías y cómo la razón para haberlo dejado en este colegio y no preferir cambiarlo en séptimo, estaba en los valores que, desde que ingresó a primero básico, ella ha sido testigo tanto entre los apoderados como entre los compañeros de su hijo.

          Cuando tantas veces escuchamos que ante la desgracia, muchas personas tienden a alejarse o hacerse los desentendidos, nos alegra ver cómo entre los nuestros no es  más que una nueva constatación que en el Murialdo no sólo se habla de los valores sino que se viven. Por ello tenemos que cuidar este espacio y acrecentar todo aquello de bueno que aquí encontramos. Lo digo, pues muchas veces vemos como muchos se escabullen de las personas que pasan por momentos de desgracia, llámese una enfermedad, una grave acusación o una crisis económica. Es tan cierto aquello que cuando hay plata siempre habrá invitados de sobra a un asado, pero cuando esa misma familia pasa por estrecheces, son pocos los que acuden  en su ayuda.

       A este alumno y a todos sus compañeros, les hemos recordado estas sabias palabras del dicho popular que indica que también en las desgracias podemos lograr encontrar motivos de esperanza. Así lo han descubierto muchos al vivir situaciones desgraciadas, tras lo cual han salido más fortalecidos como parejas, familias, países. Sin ir más lejos es la experiencia de muchos después del terremoto, la misma también la de aquellos que han debido repetir un curso. Porque cuando nos va mal también nos va bien, pues el dolor es semilla. Qué mejor manera de concluir el mes de la solidaridad y qué mejor manera de iniciar el mes de la Patria, dando gracias a Dios por tener entre los nuestros a tanta gente de tan noble y generoso corazón.

                                                                              DON MARCO


jueves, 9 de agosto de 2012


EDITORIAL


LECCIONES OLÍMPICAS

             Hace unos días encontré en el Gimnasio a un niño de primero básico que lloraba, pues un compañero le había quitado su lugar en la fila. Por esa razón se perdió la posibilidad de continuar siendo parte de una entretenida clase. Uno de ellos no entendió que hay que respetar a los demás, y el que lloraba, aún no entendía que la vida tiene muchas dificultades que a veces tendremos que remontar aunque sea con lágrimas. Este pequeño hecho ocurrió justo en los días en que todo el mundo miraba atento lo que ocurría en Londres, sede de los Juegos Olímpicos. Ese pequeñito, al igual que todos nosotros, podríamos haber aprovechado esa instancia para aprender una larga lista de lecciones que el deporte, especialmente en ocasiones importantes como ésta, nos presenta.

        La madre de Tomás González en una entrevista dada hace años mencionó lo importante que es tener un proyecto de vida; llamaba la atención esa expresión al relacionarla con un niño tan pequeño, hasta ese momento desconocido para la mayoría. En ese proyecto confluyeron la disciplina, el sacrificio en pos de lograr metas, el apoyo familiar y tantos otros elementos que lograron el precioso resultado que hemos visto.  En el mismo evento fue patente la importancia del trabajo en equipo y como la sanción no se hizo esperar, cuando algunos equipos “mañosamente” buscaron conseguir logros con prácticas antideportivas.

           La  euforia por los éxitos conseguidos; lágrimas por no haber alcanzado una mejor ubicación; respeto por el rival que con prótesis fue capaz de correr en “igualdad” de condiciones con grandes atletas; altura de miras del ídolo rock, que cobró sólo una libra para ser parte de la gala inaugural, motivado únicamente por el honor impagable de ser partícipe de un acontecimiento histórico; una monarca que, pese a la solemnidad habitual de su cargo, se permitió una humorada, entendiendo que la fiesta deportiva nos hace a todos más humanos.
         
          Entre los nuestros hay varios que ya han entendido todo esto. Me refiero a Andrés de tercero medio que a costa de mucho esfuerzo ha podido saber de triunfos futbolísticos y de viajes inolvidables, por ahora a tres países; a Daniela de cuarto medio que obtuvo el primer lugar en el campeonato clasificatorio en el Estadio Nacional, dejando atrás a empingorotadas representantes de otros colegios, y a Valeria que pese a ser de séptimo ya sabe lo que es subirse a un podium por vencer en Natación. Estas son lecciones olímpicas, lecciones de vida. Aunque seguro que por estos días más de alguno se las perdió por estar viendo el reality de moda.

                              
                                                DON MARCO