lunes, 8 de abril de 2013

BUENOS AIRES PARA LA IGLESIA


EDITORIAL

 

         A pocos dejó de sorprender el nombramiento del Arzobispo de Buenos Aires como nuevo Pontífice de nuestra Iglesia. Los medios de comunicación trajeron en directo la impactante noticia y durante los siguientes días, han informado en detalle de todo lo concerniente al arribo del primer Papa latinoamericano como Obispo de Roma. Muchos han sido los gestos y palabras que hemos recibido y que, analizándolos en su conjunto, nos permiten augurar buenos aires para la Iglesia. El que sea el primer jesuita  no deja de ser interesante, sobre todo por las características que tiene esta Congregación y sus avanzados planteamientos en muchos temas; el que sea el primer Papa latinoamericano es también una gran novedad y fuente de esperanza para enfrentar, desde una nueva perspectiva, la misión de evangelizar al mundo. La elección de su nombre no deja también de sorprendernos, siendo Francisco de Asís un santo no perteneciente a los jesuitas y que, pese a tener una gran devoción entre los fieles, nunca un Papa haya elegido su nombre. Está demás decir, que así como para los judíos la elección del nombre implicaba una misión, con mayor razón lo es en el caso de un Papa, indicando que el estilo de Francisco de Asís estará más que presente en su actuar a cargo de la Iglesia, una Iglesia que como aquella del tiempo del Pobrecillo de Asís requería que alguien se pusiese manos a la obra para restaurarla. El de Asís en un primer momento creyó que se trataba de una restauración material, la que acometió con sus hermanos, pasando luego a liderar un movimiento de renovación de una Iglesia que urgentemente requería fijarse en lo esencial y dejar lo suntuario que, como lastre, hacía de la iglesia de su tiempo una muy distante de la gente más sencilla, que de boato y solemnidades, bien poco sabía. Hoy la tarea parece la misma. A este Francisco le toca gobernar la Iglesia en momentos que las fisuras de todo tipo hacen que el conjunto tambalee. Podríamos seguir enumerando datos significativos, como la conformación de su escudo pontificio; las salidas de protocolo que ha venido haciendo desde el inicio; el no usar todo el ropaje tradicional que siempre usaron los Papas; el ir a una cárcel juvenil a celebrar el jueves santo, besando los pies de 12 jóvenes, incluso alguno no creyente; o hasta el anecdótico hecho que siguiera usando los mismos zapatos con que llegó al cónclave.

     Todo lo anterior puede resultar meramente anecdótico y no pasar de ello. Con los grandes hombres que nos presenta la historia podemos quedarnos en la admiración, o por el contrario, en la imitación. Con Francisco corremos el riesgo de contemplar sus audaces pasos a cargo de esta díscola nave que es nuestra Iglesia, o ser capaces de pasar de la admiración a la imitación de su ejemplo. Aquí sí que hay una gran tarea. Imitar la centralidad de Cristo en su mensaje, donde él solo es el mediador. Imitar su opción por los pobres, la cual no se ha quedado en meras palabras. Imitar su gran humildad, a ejemplo de san José, a quien al inicio de su pontificado ha puesto como modelo a seguir y que quedó graficado en el momento más elocuente, pero a la vez aquel donde el silencio habló: cuando desde el balcón de san Pedro, inclinó su cabeza para que los fieles rezáramos por él.

 Estamos viviendo un hecho histórico: no sólo veámoslo, sino imitémoslo.

                                                                          DON MARCO

jueves, 4 de abril de 2013

VOLVIMOS AL ROJO


EDITORIAL


 
        Gran alegría provocó la decisión de pintar nuevamente de rojo colonial el edificio de la Enseñanza Media. Los nostálgicos se encontrarán felices, pues se añoraba volver al color que originalmente tuvo por muchos años ese hermoso edificio. Como siempre habrá algunos contentos y otros que no lo estarán tanto. Lo importante es no caer en el defecto de que todo lo pasado ha sido mejor -signo de decrepitud- o por el contrario, despreciar el pasado, pensando que lo que uno hace o vive es lo mejor, esto se llama mesianismo. Ambos defectos están en nuestra cultura, también en la murialdina y de vez en cuando se asoman. Por ejemplo, es habitual que muchos antiguos alumnos afirmen que su promoción fue la mejor, o usando la misma frase siempre “antes en el Murialdo la disciplina era mejor”, lo mismo dicen algunos de la presentación personal y de otros tópicos como el que todos los alumnos que egresaban quedaban en la universidad. Como soy murialdino de los que conocimos la televisión en blanco y negro, trato siempre de romper con esos mitos. Sobre la disciplina, hay episodios pasados que nos avergonzarían si hoy se reeditaran; lo mismo sobre la presentación personal, en especial en la década de los años 70; así también sucede con el hecho que toda la promoción entraba a la universidad, claro que eso era más fácil ya que el sistema era tan piramidal que llegaban a los últimos años sólo los que lograban aprobar, los demás iban “muriendo en el camino”; de hecho, recuerdo promociones de una docena de estudiantes, habiendo sido en sus inicios cursos tan numerosos como el mío de primero básico  en que éramos 68, egresando sólo 24.

       Volver al color original, nos tiene que servir para volver a las fuentes, no para mirar el pasado con nostalgia de viejo sino para rescatar de ese pasado lo mejor, a fin de transmitirlo a las nuevas generaciones. Es lo que hace la Iglesia, conmovida por la decisión del Papa Benedicto, teniendo que volcarse a sus orígenes buscando al más idóneo entre los suyos para que asuma la tarea de conducir la Iglesia. Es lo que constantemente hacen nuestros josefinos, quienes al cumplir 140 años desde su fundación, vuelven una y otra vez la mirada a su pasado para reencantarse con las ideas y sueños originales de los fundadores y entregarse a los nuevos desafíos que el hoy les presenta. Es esto también lo que nosotros, a menor escala, debemos hacer como colegio: mirar el pasado, no para pensar que ello es lo único que importa, sino para que, rescatando lo mejor de nuestra historia, podamos seguir educando los corazones de los niños y jóvenes que hoy se nos han confiado.

       En este Año de la Fe, volvamos a mirar nuestros orígenes actualizando el mensaje, para que ese don recibido antes de ser transmitido sea vivido, que es, al fin de cuentas, lo más importante para ser creíbles ante nuestros alumnos.                                                                                                                                     DON MARCO

jueves, 3 de enero de 2013


EDITORIAL


ADIÓS AL VIEJO PASCUERO, QUE VIVA JESÚS

         Las fiestas de fin de año son ocasión propicia para reflexionar sobre los valores imperantes y las tergiversaciones que, especialmente el mundo comercial, nos impone, sin que nos demos demasiado cuenta. Así ocurre con la Navidad. En ella hay dos modelos que pugnan por marcarnos claramente nuestro actuar. Por un lado, la creación del viejo pascuero, excesivamente ligada a una marca comercial y todo lo que ello conlleva. Es el que nos invita a gastar en  forma indiscriminada, a pensar que el mundo se va a acabar sino tenemos muchos regalos que entregar. En muchos países, ejemplo que debiéramos seguir, los regalos se postergan para la fiesta de reyes, el 6 de enero, despejando de este modo a la Navidad de todo ese halo comercial que es tan dañino y que desperfila el real sentido. Ese viejo de pascua que desde las vitrinas nos invita al gasto, se contrapone con el Niño de Belén que desde el pesebre nos sigue invitando a la austeridad, a una vida más preocupada de las cosas invisibles a los ojos, que de aquellas tangibles y caras, que a la larga no es que traigan la felicidad.

   En el mundo se está viviendo una de las peores crisis, donde naciones enteras están en la bancarrota. En esos lugares han aumentado considerablemente los suicidios y la angustia amenaza a las familias con las consiguientes consecuencias de infelicidad. En nuestro país, parece no importarnos mucho lo que está ocurriendo en esos lugares. El serio manejo económico, de ésta y anteriores administraciones nos hace ver como espectadores lo que ocurre en el mundo. Pareciera que olvidamos que estos procesos son muchas veces inesperados y que se generan muchas veces por causas externas a los propios países. Por eso debiéramos estar preparados. El ejemplo de las hormigas no nos viene mal.

   Hablar hoy de austeridad en un país con una economía boyante, pero donde hay grandes sectores postergados, pareciera no ser lo más lógico.  Acá las cifras de cesantía y pobreza -las que siguen existiendo- son cada vez más bajas. Muy distinto es el caso de países europeos, donde el desempleo azota a millones, llegando al 50% de la población más joven de España, obligando a muchos a emigrar en pos de mejores horizontes.

       Desde estas páginas hacemos un llamado a hacerle más caso al Niño Jesús, que pobre como pocos nos sigue repitiendo desde el pesebre que las cosas materiales son importantes tanto y cuanto nos sirvan; que la palabra austeridad, ahorro, sencillez, son un real estilo de vida tan distante del consumismo desbocado que por estos días, a quien más a quien menos, a todos nos amenaza.
                                                                                                                                                                                            DON MARCO

EDITORIAL


LA FIESTA DEL PERDÓN

         Al observar cómo decenas de niños de quinto básico se acercaron por primera vez a confesarse, me preguntaba porqué es este uno de los sacramentos menos vistosos. Si los 7 sacramentos son fuente de gracia, llama la atención que, salvo para dos, no haya fotógrafos ni cámaras que filmen en ese día. En todos los demás,  los fotógrafos quieren, incluso olvidándose del respeto al templo, dejar un recuerdo del día del Bautismo, de la Primera Comunión, de la Confirmación, del Matrimonio y de la recepción del Orden sagrado. Álbumes de estas ceremonias tenemos en cada casa, a todas ellas llegan invitados y hay más de algún festejo…pero por razones obvias nadie retrata el momento en que uno de nuestros parientes recibe la Unción de los enfermos, si bien hace décadas existían fotógrafos que tomaban imágenes de los funerales e incluso retrataban por última vez a los finaditos. De la confesión nadie guarda una foto, ni menos se nos ocurriría invitar a festejar después de haber recibido la gracia del perdón.

       Viendo  a esos niños, más de alguno, bastante nervioso, se me ocurría pensar en porqué este sacramento es tan íntimo, quizás por el natural pudor de no ventilar nuestras miserias personales, y tan poco frcuentado, por más de alguna mala experiencia con algún confesor que más que hacernos sentir el amor misericordioso del Padre nos terminó humillando. Viéndolos en su traviesa inocencia me preguntaba de qué se irían a confesar, si uno los ve tan buenos en comparación con lo que uno como adulto considera pecado.

       Este poco valorado sacramento debiera ser para todos el incentivo para creer en el perdón de Dios y en hacernos a la vez más generosos para perdonarnos mutuamente. En una reciente encuesta se menciona que el 76% de los católicos nunca o casi nunca se confiesa, el 68% no cree o tiene dudas de que el sacerdote pueda perdonar los pecados en nombre de Dios, pero sí el 87% está de acuerdo en llamar al sacerdote cuando hay un enfermo grave para darlela Unción. Mientras más viejos, nos volvemos más reacios a otorgar el perdón. Cunden las excusas, diciendo por ejemplo, que sólo Dios perdona, especialmente aquellos que son draconianos con los demás y excesivamente complacientes con sus propias faltas. Son los que a los demás no les perdonan ni una, pero cuando ellos caen, quieren que les perdonen, pues no se consideran tan malos.

       Hablar hoy de este sacramento es hablar de valorar la capacidad de perdonar, es hablar de corazones magnánimos pues están ciertos que Jesús vino a buscar a los pecadores y no a los que se creen buenos, en fin es hablar de grandeza humana, la que es mayor cuanto más humilde es nuestro actuar.
                                                                                                                                                                                                            DON MARCO 

jueves, 4 de octubre de 2012


(Murialdino mes de Octubre)

EDITORIAL


VER PARA CREER

         Muy interesante resultó para quienes concurrimos el pasado sábado 29 de septiembrela Jornada de Espiritualidad de nuestra comunidad murialdina. Más de cien personas representando a todos los estamentos de nuestro colegio fuimos convocados con el tema del Año de la fe, que acaba de ser inaugurado por el Papa. Por la mañana el Vicario para la Educación P. Tomás Sherz, nos regaló un profundo momento de reflexión sobre esta temática y por la tarde, compartimos una novedosa presentación de la poco conocida carta de Santiago, la que tiene una fuerza inspiradora que cobra mucha actualidad en el tiempo que vivimos.  Señalo que tiene actualidad esta breve pero contundente carta, pues entre los temas que contiene está el de demostrar en obras concretas aquello en que se cree: “Así también la fe: si no tiene obras, está completamente muerta” (St. 2,17).

       Hoy como nunca, me he acordado de un antiguo texto, llamado Carta a Diogneto, en el que se describe cómo eran los primeros cristianos, en él se enfatiza que no por elementos externos ellos se diferenciaban de las demás personas, sino por su forma de vivir: “Los cristianos no se distinguen de los demás hombres ni por su tierra, ni por su lengua, ni por sus costumbres.” Tan distintos eran, que “más parece propio de locura que de verdadero culto religioso.”, pues (…)”se encuentran viviendo un estilo de vida admirable y, por confesión de todos, extraordinario.”, y remata diciendo que más que por los ritos  o por los ropajes “los cristianos son conocidos como hombres que viven en el mundo, pero su religión permanece invisible.”  Tan actuales y fuertes son estas palabras que creo que no admiten más comentarios. Cada vez se hace más frecuente el que se critique a nuestra Iglesia. Hay consenso, en especial entre los jóvenes, que el mayor defecto es nuestra incoherencia de vida, el predicar una cosa y el hacer otra, o el exigir a otros determinados comportamientos,  que ni siquiera el que los pide los vive.

       De visita en nuestro país, el anterior vocero del Vaticano señalaba que hoy hacen falta menos predicadores y más testigos. Muchas veces me ha tocado escuchar cómo se felicita a personas por lo bien que hablan o por lo bien que escriben. Una y otra forma de expresión sepueden aprender y mejorar con técnicas oratorias o estilísticas, según sea el caso. El mejor halago no es que hable o escriba bonito, sino que viva bonito, que viva lo que dice y escribe. En fin de cuentas que seamos más testigos, como esos primeros cristianos que eran reconocidos por su actuar, que meros predicadores, de los cuales ya hay muchos.

                                                                                        DON MARCO

martes, 2 de octubre de 2012

(Murialdino mes de Septiembre)

EDITORIAL


NO HAY MAL QUE POR BIEN NO VENGA

             Impacto nos causó hace unos días, la noticia del incendio que destruyó completamente la casa de uno de nuestros alumnos de séptimo básico. Visitar el lugar y ver lo poco que se puede salvar después de una desgracia así, en especial los elementos afectivos que se pierden irremediablemente, es algo que sobrecoge. Felizmente no hubo desgracias personales que lamentar y esto es lo más importante. Tras compartir con su mamá y familiares, nos emocionó ver la entereza para salir adelante de todos ellos y la inmediata respuesta solidaria expresada de diferentes maneras, por parte de todos los que se iban enterando de la noticia. Sus compañeros, los scouts, los apoderados de su curso y muchos otros que aunque no los conocían sintieron el inmediato llamado a hacer vida uno de nuestros valores distintivos: la solidaridad. Escuchando a la mamá, nos decía lo importante que ha sido nuestro Liceo en la formación de Matías y cómo la razón para haberlo dejado en este colegio y no preferir cambiarlo en séptimo, estaba en los valores que, desde que ingresó a primero básico, ella ha sido testigo tanto entre los apoderados como entre los compañeros de su hijo.

          Cuando tantas veces escuchamos que ante la desgracia, muchas personas tienden a alejarse o hacerse los desentendidos, nos alegra ver cómo entre los nuestros no es  más que una nueva constatación que en el Murialdo no sólo se habla de los valores sino que se viven. Por ello tenemos que cuidar este espacio y acrecentar todo aquello de bueno que aquí encontramos. Lo digo, pues muchas veces vemos como muchos se escabullen de las personas que pasan por momentos de desgracia, llámese una enfermedad, una grave acusación o una crisis económica. Es tan cierto aquello que cuando hay plata siempre habrá invitados de sobra a un asado, pero cuando esa misma familia pasa por estrecheces, son pocos los que acuden  en su ayuda.

       A este alumno y a todos sus compañeros, les hemos recordado estas sabias palabras del dicho popular que indica que también en las desgracias podemos lograr encontrar motivos de esperanza. Así lo han descubierto muchos al vivir situaciones desgraciadas, tras lo cual han salido más fortalecidos como parejas, familias, países. Sin ir más lejos es la experiencia de muchos después del terremoto, la misma también la de aquellos que han debido repetir un curso. Porque cuando nos va mal también nos va bien, pues el dolor es semilla. Qué mejor manera de concluir el mes de la solidaridad y qué mejor manera de iniciar el mes de la Patria, dando gracias a Dios por tener entre los nuestros a tanta gente de tan noble y generoso corazón.

                                                                              DON MARCO


jueves, 9 de agosto de 2012


EDITORIAL


LECCIONES OLÍMPICAS

             Hace unos días encontré en el Gimnasio a un niño de primero básico que lloraba, pues un compañero le había quitado su lugar en la fila. Por esa razón se perdió la posibilidad de continuar siendo parte de una entretenida clase. Uno de ellos no entendió que hay que respetar a los demás, y el que lloraba, aún no entendía que la vida tiene muchas dificultades que a veces tendremos que remontar aunque sea con lágrimas. Este pequeño hecho ocurrió justo en los días en que todo el mundo miraba atento lo que ocurría en Londres, sede de los Juegos Olímpicos. Ese pequeñito, al igual que todos nosotros, podríamos haber aprovechado esa instancia para aprender una larga lista de lecciones que el deporte, especialmente en ocasiones importantes como ésta, nos presenta.

        La madre de Tomás González en una entrevista dada hace años mencionó lo importante que es tener un proyecto de vida; llamaba la atención esa expresión al relacionarla con un niño tan pequeño, hasta ese momento desconocido para la mayoría. En ese proyecto confluyeron la disciplina, el sacrificio en pos de lograr metas, el apoyo familiar y tantos otros elementos que lograron el precioso resultado que hemos visto.  En el mismo evento fue patente la importancia del trabajo en equipo y como la sanción no se hizo esperar, cuando algunos equipos “mañosamente” buscaron conseguir logros con prácticas antideportivas.

           La  euforia por los éxitos conseguidos; lágrimas por no haber alcanzado una mejor ubicación; respeto por el rival que con prótesis fue capaz de correr en “igualdad” de condiciones con grandes atletas; altura de miras del ídolo rock, que cobró sólo una libra para ser parte de la gala inaugural, motivado únicamente por el honor impagable de ser partícipe de un acontecimiento histórico; una monarca que, pese a la solemnidad habitual de su cargo, se permitió una humorada, entendiendo que la fiesta deportiva nos hace a todos más humanos.
         
          Entre los nuestros hay varios que ya han entendido todo esto. Me refiero a Andrés de tercero medio que a costa de mucho esfuerzo ha podido saber de triunfos futbolísticos y de viajes inolvidables, por ahora a tres países; a Daniela de cuarto medio que obtuvo el primer lugar en el campeonato clasificatorio en el Estadio Nacional, dejando atrás a empingorotadas representantes de otros colegios, y a Valeria que pese a ser de séptimo ya sabe lo que es subirse a un podium por vencer en Natación. Estas son lecciones olímpicas, lecciones de vida. Aunque seguro que por estos días más de alguno se las perdió por estar viendo el reality de moda.

                              
                                                DON MARCO

jueves, 28 de junio de 2012

Editorial

P. BRUNO DE SANTI
1924- 2012

                Hemos recibido con pesar la noticia que en la comunidad de san Pedro en Los Ángeles (USA), ha fallecido el viernes 22 de junio, quien fuera Rector de nuestro Liceo desde 1957 hasta 1964.

            Llegado a Chile recién ordenado sacerdote en 1951 pasó a integrar la comunidad de Requínoa, para luego ser nombrado rector de nuestro colegio, el cual apenas contaba unos 660 alumnos y una estrechez económica evidente. Pese a esas dificultades consiguió edificar nuestro Gimnasio, el cual fue inaugurado en 1962 con la presencia del Cardenal Silva Henríquez, convirtiéndose en el primer colegio en contar con un edificio de estas características.

            Al finalizar su periodo fue nombrado Provincial de Argentina-Chile y luego por varios años ocupó igual cargo en Estados Unidos. Tanto en Chile como en ese país dejó la huella de un gran josefino, de trato caballeroso y humilde servicio, características que pudimos apreciar al acompañarnos en los festejos de los 50 años de presencia josefina en 1997. Justamente para quienes sólo le conocíamos de nombre y de fama, esos días pasados con nosotros bastaron para confirmar lo que de el habíamos escuchado. Muchos fueron los exalumnos que al saber de su presencia acudieron al colegio a saludarle y a recordar los sencillos inicios del Liceo, en los cuales P. Bruno tuvo especial participación. Tras su partida, recibí desde Estados Unidos una muy conceptuosa tarjeta en la que agradecía las atenciones que le habíamos brindado en su estadía. Un pequeño gesto quizás, pero que unido al testimonio de tantos profesores y alumnos que le conocieron en esos años, retratan al josefino de trato gentil que supo a través de su sonrisa y testimonio de vida, conquistar tantas almas para el Señor.

            Para las nuevas generaciones de murialdinos, la invitación es a rezar por su eterno descanso y a valorar lo que personas como P. Bruno generosamente nos han legado y cuyos frutos, tangibles en tantos espacios de nuestro hermoso colegio, hoy inmerecidamente disfrutamos.-    

                                                                                   DON MARCO

lunes, 4 de junio de 2012

Nuestro Pentecostés


La mañana del pasado sábado 26 de mayo no podía estar mejor ambientada para vivir, a una escala menor, un nuevo Pentecostés. El fuerte temporal de viento y lluvia que desde la tarde anterior se hizo presente, y que podría habernos aguado la fiesta, no hizo más que dar el tono a lo que más tarde pudimos vivir en esta celebración. Así como hace 2000 años, las lenguas distintas que en un primer momento generaban confusión, dieron paso a que todos los participantes entendiéramos claramente lo que el Espíritu nos estaba diciendo. Así, misioneros venidos de la India, de Albania, y otros que hablaban italiano, no tuvieron inconvenientes para comprender todo lo que en ese día se nos entregó. De igual manera, el temor que acompañó a los primeros discípulos, estuvo también presente en los nuevos ordenandos. No era para menos, la importancia del sacramento que recibirían generaban unos nervios que quedaron atrás, luego de la hermosa ceremonia en que recibieron, por la imposición de manos, el Orden sagrado.
El templo parroquial de La Reina estuvo repleto de fieles provenientes de las distintas comunidades josefinas y de las Hermanas Murialdinas. Las familias de los nuevos sacerdotes, emocionadas acompañaron la Eucaristía que concelebraron más de veinte sacerdotes presididos por el obispo josefino Monseñor Celmo Lázzari, venido desde Ecuador y flanqueado por  P. Mario, General de la Congregación y por P. Pablo, Provincial de Argentina-Chile. Nada se dejó al azar. La iglesia, hermosamente adornada sirvió de marco para que  el coro de niños y jóvenes de nuestro colegio tuviera un excelente desempeño. En la homilía Monseñor Lázzari, subrayó la importancia del sacerdocio e instó a los nuevos sacerdotes a seguir el ejemplo del Señor, quien vino a servir a su pueblo.

Terminada la ceremonia pudimos compartir un brindis, el que estuvo amenizado por el grupo folclórico de nuestro Liceo, quienes hicieron un recorrido por las danzas típicas de los países en que están presentes los josefinos. Al día siguiente, en nuestra Capilla acompañamos a P. Jesús en su Primera Misa. Éste fue otro momento de alegría, en el que nuestra comunidad mostró en una multiplicidad de gestos, que éste era de veras un hecho histórico para nuestro Liceo.

Dios permita que este pequeño Pentecostés que hemos vivido, traiga a nuestras comunidades el soplo del Espíritu, que con sus dones infunda fuerzas nuevas a todos los que integramos la familia murialdina. Que esos dones nos hagan mirar con ojos nuevos una realidad muchas veces marcada por desuniones, mezquindades y pequeñeces de todo género. Nada más distinto de lo que se espera de los que han recibido el Espíritu.

                                           DON MARCO     

lunes, 23 de abril de 2012

En las huellas de San Leonardo Murialdo


El arribo de los primeros josefinos a Chile en 1947, estuvo marcado a los pocos meses por dos acontecimientos que ciertamente les han debido impactar: recién cumplían un año en Chile y en marzo de 1948 fallece en esta casa el P. Renato Selva, un joven misionero de apenas 33 años. El dolor algo se alivió, pues en abril del año 1949, es ordenado sacerdote el P. LuisParussini por parte del recordado Cardenal José María Caro. En este hecho los josefinos habrán entendido un signo, pues el joven misionero fallecido ofrecía en su agonía su dolor por nuevas vocaciones en estas tierras de misión. Largos años debieron transcurrir para que en la antigua Capilla fuese ordenado un exalumno de este colegio, se trata de P. José Troncoso, quien recibiera el Orden sagrado de manos de Monseñor Jorge Hourton en agosto de 1975. Tras largos años de espera y de constante oración, hoy asistimos a un momento de verdad histórico, pues junto a nuestro exalumno Jesús Castillo, serán ordenados otros dos seminaristas chilenos, Rafael y Eduardo, hecho inédito en la historia de la Congregación en Chile.
En estos tiempos, en que muchas empresas se preocupan de certificar su calidad a través de exigentes parámetros y en el que también los colegios invierten muchos recursos para recibir el preciado sello que certifique su calidad educativa, me pregunto cuál debiera ser el sello característico de un colegio de Iglesia. Por cierto, el empeño por destacar en lo pedagógico no debe dejarse como algo secundario, pero según mi parecer, hay otros elementos que hablan bien de una escuela  católica y ello está en la capacidad de dar frutos en el ámbito religioso. Son esos los frutos que debieran enorgullecernos y hacernos pensar que estamos en buen camino. Cuando vemos  muchos niños y familias empeñados seriamente en su preparación para recibir a Jesús por primera vez; cuando se repletan las vacantes para ser catequistas de los niños más pequeños o cuando nos faltan catequistas para atender a los más grandes que quieren confirmar su fe, son signos evidentes de una comunidad fecunda que ha apostado por la formación de sus alumnos en la fe y de una fe que al crecer se traduce en obras concretas.
El regalo maravilloso de las vocaciones sacerdotales y religiosas a las que hoy asistimos, se une a una hermosa lista, que en las páginas interiores encontrarán y en la cual aparecen otros tantos exalumnos que en un número no casual de 12, han sido llamados a seguir al Pescador de hombres. Son ellos el mejor ejemplo de la fecundidad de esta comunidad, la cual quiere entregar a la sociedad jóvenes cristianamente inspirados, para llevar el mensaje del Evangelio en el siglo XXI. Para ellos vaya el deseo de seguir las huellas de san Leonardo para que, siguiendo su ejemplo, otros continúen esta hermosa vocación.
                                           DON MARCO

jueves, 12 de abril de 2012

“NO HAY PEOR SORDO……..QUE EL QUE NO QUIERE OÍR”




La sabiduría popular expresa en este proverbio una realidad que en este año debiéramos analizar con atención. Se nos propone como lema “Escuchando se dialoga, dialogando se construye” y no más iniciar esa frase aparece la condición para que ese diálogo sea efectivo: la necesidad de escuchar. Múltiples son las situaciones en que de haber sido capaces de escuchar atentamente los signos que a diario se nos presentan, habríamos tomado una decisión mejor. Así debiera ser también en todo orden de cosas. Por ejemplo, llama la atención que muchas de las demandas que los pueblos expresan, no sean atendidas hasta que se provoca una situación de alteración del orden público. Inmediatamente como respuesta, la autoridad concede todo o gran parte de lo mismo que antes se negaba tajantemente a entregar. De esta forma se va sentando un pésimo precedente, pues de haber sido capaces de escuchar el sentir de la gente se hubiese podido responder a ello sin mediar presión alguna. Parece que esto es algo que aún no logramos aprender. Nuestra vida social sería más serena, si quienes detentan el poder estuviesen más atentos a ir escuchando esas señales que a diario surgen de las necesidades insatisfechas de sus conciudadanos. Llevando esto al extremo, basta ver lo que ocurre en aquellos pueblos sojuzgados por dictaduras eternas como las del medio oriente y otras más cercanas y cómo, cual si fuese una válvula que explosa, las muchedumbres exigen un cambio radical de gobierno en revueltas que acarrean siempre muerte y destrucción.

Para los creyentes este dicho popular cobra especial importancia cuando lo asociamos a la incapacidad de escuchar la voz de Dios. El nos habla siempre, somos nosotros los sordos, que no oímos o lo que es peor no queremos oír. Por eso el dicho señala que no hay peor sordo que el que no quiere oír. La voz de Dios manifestada en lo que Murialdo llamaba los “signos de los tiempos”, nos debiera impulsar a estar atentos a leer esos signos a través de los cuales se manifiesta su voluntad.

Este año es una excelente ocasión para tratar de vivir más atento a lo que Dios quiere de nosotros. Muy distinta sería la convivencia social si quienes nos gobiernan estuviesen más atentos a escuchar esos signos y reaccionaran con prontitud. Parece que nunca aprendemos y la historia nos muestra uno y mil ejemplos de aquellos que, haciendo oídos sordos, sólo se escuchan a sí mismos y una y otra vez se equivocan. Muy distinta sería también la vida escolar y familiar si estuviésemos atentos a escuchar lo que el Señor a cada instante nos va indicando para seguirle.



DON MARCO

viernes, 16 de marzo de 2012

Al Maestro con Cariño




Muchas son las frases que podrían encabezar esta editorial, pienso que para muchos incluso los que no fueron sus alumnos, ésta refleja lo que ha sido Don Aparicio en nuestras vidas. Hoy se cierra una larga etapa de presencia educativa en nuestro colegio. Su partida no nos puede dejar indiferentes. Lejano nos parece el 01 de marzo de 1956 cuando estampó su firma en el primer contrato de trabajo, el que también firmara como rector el inolvidable Padre Edilio Neyrone. Don Aparicio pronto cumpliría 21 años y la docencia era todo un desafío para este exalumno de la Escuela Particular Nº 42 “Santa Filomena”. Los Padres Josefinos habían arribado nueve años antes y él fue uno de esos niños que les dieron la bienvenida en ese inicio de año de 1947. Era evidente que un hijo de este barrio estuviera tan cerca de esta casa en todo sentido. En esos tiempos vivía en Recoleta 590, para luego trasladarse a su hogar por tantos años, en la calle Sagrado Corazón 305.



Por 40 años se desempeñó en la docencia, varios de ellos en ambas jornadas. Era habitual verlo en los recreos con los cuadernos de sus numerosos cursos apilados en un brazo, mientras con el otro iba corrigiendo la caligrafía y los resultados de aritmética. Siempre sereno, jamás alterado, nos iniciaba en el deporte estando en clases de Gimnasia, era obvio, pues desde pequeño el gusto, especialmente por el fútbol, lo quiso traspasar a las nuevas generaciones. Lo que no logró era que también fuéramos hinchas de su querido Ferroviarios. Su buen desempeño lo mostró en los equipos de nuestro barrio, llegando a ser seleccionado nacional de fútbol. Muchos apoderados recuerdan las clásicas tardes de campeonato en el Gimnasio en las que la calidad y caballerosidad del flaco Díaz eran manifiestas.



Largas jornadas también ocupó para ayudar a su estimado P. Franco, otro enamorado del deporte, para preparar las clásicas Revistas de Gimnasia. Muchas horas restadas a su familia también absorbió el afán periodístico de ambos por llevar a toda la comunidad las buenas noticias; es así como crearon en los años 60 El Burrito y luego la recordada revista Nadino, la que renació desde el año 2004 en El Murialdino, del cual es su gran impulsor.



Despedir a un querido profesor de tantos años no es fácil. Agradecer sus largos años de dedicación a este colegio resulta difícil expresarlo en pocas líneas. Su figura tan josefina, silencioso, de bajo perfil, caballeroso como el que mas, son características que no cualquiera tiene. Desde estas páginas que ayudó a ilustrar y escribir le rendimos el tributo que se les da a los grandes, aquellos que sin aspavientos son sencillos de corazón aquellos que han hecho vida el lema de Hacer y Callar, en suma un gran murialdino.





¡Gracias Don Aparicio!





DON MARCO



jueves, 22 de diciembre de 2011

MI QUERIDO MURIALDO




Con estas palabras comienza el discurso que la noche del pasado miércoles 7, leyó durante la Licenciatura de Cuartos Medios Jorge Carreño, en representación de toda su promoción, compuesta por 119 nuevos exalumnos. Su mensaje, escrito con mucho sentimiento, expresa lo que esperamos que nuestros niños y jóvenes encuentren en este colegio, y qué mejor que haya sido escrito por uno de nuestros alumnos, a continuación alguno de sus párrafos:


“Hoy se termina una gran etapa de nuestras vidas, que fue inolvidable para cada uno de nosotros, llena de felicidad y buenos momentos, de recuerdos y amistades.
Ninguno de nosotros pensó que llegaría tan pronto este momento, siempre lo vimos muy lejano, de hecho, siempre quisimos que llegara, pero cada vez que se acercaba el día de la despedida, deseábamos detener el tiempo y seguir en nuestro Liceo, aprovecharlo y continuar con nuestra vida de estudiantes.


Claro, si este establecimiento, sus patios y sus salas se fueron transformando poco a poco en nuestro hogar, sus trabajadores en nuestra familia, y sus alumnos, más que en nuestros compañeros, se transformaron en nuestros amigos y hermanos.
En el transcurso del tiempo, hemos hecho amistades y buenos amigos. Hemos aprendido de la vida, y cómo vivirla, llevando siempre los valores murialdinos de frente. Nos hemos hechos mejores personas, no solamente debido a la labor familia-escuela, sino también por cómo hemos interpretado dicha labor.


Hemos vivido en este Liceo, el cuál nos ha visto crecer y cambiar: Ingresamos siendo unos niños, llenos de ansias por explorar un mundo nuevo, llenos de energía, la cual se veía reflejada en todos los cantos que interpretábamos, en todas las actividades en las que nos desenvolvíamos y en la felicidad que irradiábamos. Hoy, nos vamos siendo ya hombres y mujeres, pero igualmente felices, enérgicos y con mucho por descubrir.


Probablemente, no seríamos los mismos si no hubiésemos estado aquí, sin recibir toda la enseñanza del Liceo y el afecto que todos los profesores entregaban en cada una de sus clases… ¡sí!, el afecto. Quizás, nunca nos hemos dado cuenta del cariño que hemos recibido estando acá, y tampoco de todo el amor que sentíamos por nuestro Liceo.


Espero, que cada uno de nosotros consiga su meta a cumplir, realice su sueño y alcance la felicidad por la cual hemos estado trabajando todos estos años, para así, con el paso del tiempo, haya un murialdino en cada lugar, y que destaque en su labor, pero no solo como profesional, sino que también por su calidad de persona, por su humildad y buenos sentimientos, por saber hacer el bien y hacerlo bien, para que así, cada uno de nosotros, se sienta orgulloso del otro, y pueda decir “yo estudié con él, yo crecí con él o ella”.



¡FELIZ NAVIDAD Y LOS MEJORES DESEOS PARA EL AÑO VENIDERO!

jueves, 17 de noviembre de 2011

P. ITALO SAROLO FAVERINI

“¡No hay problema!”, fue su frase característica. Con ello, en todo momento transmitía la serenidad necesaria para afrontar la vida y sus complejidades. Seguramente esa forma de vivir le ayudó a sortear tantos problemas en sus casi 88 años de vida. P. Italo falleció el domingo pasado en su tierra natal Thiene, en el norte de Italia.

Había llegado a Chile muy joven, amó a esta tierra en la que desempeñó diversos encargos, siendo Párroco en Requínoa, lugar para él muy querido y al cual quiso volver a pasar sus últimos años. En nuestro colegio fue rector desde 1964 hasta 1970 y luego en un breve periodo de 1975. Sus hermanos lo eligieron Provincial en 1970 y por sus cualidades participó en el Capítulo General de 1976, en el cual lo nombran Ecónomo General de la Congregación, cargo ejercido hasta 1988. Lo que para muchos podría entenderse como un honor, dadas las circunstancias, fue una carga demasiado grande, que incluso le afectó gravemente su salud. La Congregación estaba en banca rota y a él le tocó liderar los necesarios ajustes para darle viabilidad económica a una familia que pasó momentos de gran incertidumbre. Hubo que vender la Casa Generalicia para poder salir a flote. De esto sabía bastante, pues le había tocado vivir en nuestro colegio los años más difíciles. La necesaria subvención estatal, que hoy se paga regularmente y con fondos cada vez más altos, en esos tiempos llegaba de manera escasa y con retraso de varios meses. Si bien era parte de la comunidad religiosa, el inicio de la década de los 70, lo encontró aquí ejerciendo como Provincial y enfrentándose a la posibilidad hasta de cerrar el colegio. Los bienes heredados del Patronato comenzaron a venderse, primero fueron las casas que se alquilaban a bajo precio en el barrio, luego ocurrió lo mismo con los muebles, incluso algunos muy valiosos pertenecientes a la comunidad religiosa. El tiempo de angustia pasó, debiendo además acompañar a varios hermanos que dejaron la Congregación. Ciertamente no fueron tiempos fáciles. P. Italo, sin perder la serenidad, insistía: “¡No hay problema!” Y seguía, como decimos en Chile, poniéndole el hombro.

El recuerdo de P. Italo, como profesor de Biología de los alumnos de las Humanidades, su ordenada y transparente administración, su caballerosidad a toda prueba y su estampa de buen josefino son hoy un recuerdo para todos los que fuimos testigos de esos difíciles años. Hoy, los dichosos alumnos del colegio, que utilizan el pabellón del segundo ciclo, construido gracias a su tenacidad en el complicado periodo antes descrito, deben ser orgullosos herederos de un colegio que se construyó ladrillo a ladrillo, por personas tan valiosas como este rector, quien siempre se sentía orgulloso de sus humildes orígenes en Italia y que llegó a esta tierra a darnos lo mejor de sí: el testimonio de una gran josefino.





DON MARCO

lunes, 24 de octubre de 2011

“NO HE VENIDO A SER SERVIDO, SINO A SERVIR” Mc 10,45

Con gran alegría nos preparamos a la celebración de la Ordenación Diaconal de los Hermanos Jesús y Rafael el próximo sábado 22. De por sí, dados los tiempos que corren, es este un gran regalo que Dios nos concede como comunidad. Tanto Jesús como exalumno y Rafael por haber realizado aquí su magisterio, son fiel reflejo de esta familia.

Mucho hemos pedido por vocaciones de todo tipo, pero especialmente religiosas. Si vieron con atención el último Anuario, allí se refleja que esas oraciones han sido escuchadas. Por ello nuestra primera oración a Dios es de gratitud.

El diaconado es desde la primera comunidad cristiana, un ministerio destinado principalmente al servicio y como toda gracia, sólo se recibe como un don inmerecido.

Lejos de representar un hecho aislado, nuestra comunidad ha de ver en esta fiesta una buena ocasión para crecer en la disposición a ser servidores bien dispuestos, primero a la voluntad de Dios y luego a los requerimientos de los hermanos. Si bien serán dos los nuevos diáconos, todos deberíamos sentirnos también diáconos o servidores. Al analizar lo que ocurre a diario, nos encontramos con las dificultades que esto conlleva. Todos queremos que nos sirvan: el hijo en casa quiere que todos le tengan las cosas listas. Y de mal modo contesta a la mamá o a la “nana” cuando no está lo que solicita. Cuesta que realicen labores domésticas, pues se han acostumbrado a que para eso haya otros a quienes les corresponde esa labor. También lo observamos en el colegio, niños y jóvenes, a veces apoyados por sus padres, que dicen que para eso están los empleados. Los adultos por su parte, nos hemos acostumbrado a exigir servicios de buena calidad y si eso no es así, se han creado hasta organismos que apoyan las demandas. O como el empleado que mira su reloj y contesta de mal modo cuando alguien le solicita un favor fuera de su horario de trabajo, pero que le encanta que a él le atiendan solícito en cualquier momento.

Qué distinto sería el mundo si todos fuésemos más humildes, más servidores, en definitiva un poco diáconos. Si desde la más alta autoridad del país, de la Iglesia, de la familia, o de cualquier institución resonara esa estrofa que cada año cantamos en nuestro Machitún: “El que manda entienda, que el poder es un servicio”. A nadie se le “cae la corona” por servir, y servir con la cara alegre sin egolatría, vanidad o aspavientos, eso es lo nos enseñó el primer y mejor diácono, aquel que no vino a ser servido, sino a servir.

DON MARCO